miércoles, 15 de enero de 2014

Frío

Tras cruzar las puertas que se abrieron ante mí, alcé la mirada al cielo. Los últimos rayos de sol se escondían entre las siluetas de los edificios, y aquel largo e intenso día llegaba a su fin.  Lo primero que noté al salir fue el vaho que escapaba de sus labios al hablarme.

—Qué puto frío—fueron las profundas palabras que me dedicó nada más poner un pie en la calle.

Ambos nos ajustamos nuestros abrigos tras el anuncio y cruzamos al otro lado. Nuestro destino estaba a la vista, y un escalofrío recorrió mi cuerpo al cerciorarme de lo que ello significaba. Tarde o temprano, tendríamos que separarnos, y cada uno ir por su lado una vez más. Sabía que era inevitable, pero por una vez, no quería que ese día tuviera que acabar. De pronto, se giró y me miró a los ojos de manera burlona, acercándose y apoyándose sobre mi hombro. Quizá llegó a darse cuenta de lo que estaba pensando, de alguna manera.

Pronto llegamos a la parada por la que pasaría el bus que me llevaría lejos de allí. Nos sentamos, no sin cierta reticencia por su parte, ya que quedarse parado en un lugar frío no era su manera preferida de pasar esos últimos minutos. Me fascinaba como, tras ese nerviosismo inicial, nos resultaba tremendamente fácil entablar conversación, pese a que ambos intentábamos evadir mencionar la situación actual. Pero como todo debe llegar a su fin, el bus llegó puntual, como temíamos. El tiempo se acabó.

El frío quedó rápidamente relegado a un segundo plano frente a la calidez del abrazo con el que me atrapó mientras intentaba encontrar las palabras para despedirme. No fueron necesarias, aquel gesto fue más que suficiente para hacerme saber que todo estaría bien. Me perdí entre sus brazos unos segundos más, saboreando ese momento que sabía que no volvería a ocurrir. Porque cuando las puertas se cerraron detrás de mí, supe que aquello acababa ahí, observándole tras la ventana, viendo cómo su silueta se alejaba más y más hasta hacerse una con el paisaje de la ciudad.

No pude evitar sonreír una última vez, al mismo tiempo que el frío volvía a apoderarse de mi cuerpo una vez más.

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