Hace ya unos días, frustrado por cómo estaban yendo las cosas, terminé pensando en todo el camino que había recorrido para llegar hasta aquí. Desde esas primeras horas de nervios e incertidumbre hará ya más de dos años hasta estos últimos meses de esta apatía que domina cada paso que doy.
Qué poco crédito me había dado hasta entonces.
Y es que, pese a que a simple vista todo lo pasado parece una nimiedad frente a las dificultades del día de hoy, es fácil olvidar que esas mismas situaciones no parecían tan poca cosa en el momento en el que las vivimos. Olvidamos esos pequeños baches y esos grandes abismos que cruzamos antaño, solo para darnos cuenta de que nuestro miedo entonces solo era producto de nuestra imaginación. Que fuimos más valientes por atrevernos de lo que creemos ahora, que como resultado logramos ser más fuertes de lo que éramos entonces, que conocemos mejor lo que nos asusta y cómo afrontarlo para que no nos continúe frenando.
Pese a darme cuenta de todo lo que había logrado hasta ahora, no pude evitar darme cuenta de otro patrón que estaba ocurriendo dentro de mí estos últimos meses.
Estaba retrocediendo, y por el mismo camino por el que una vez llegué a caminar. Estaba volviendo a tener dificultades para hacer cosas que antes no me costaban, para entender cómo y por qué vuelvo a reaccionar de una forma que considero errónea, volvía a recuperar emociones y sentimientos nocivos que creía haber logrado superar. A pesar de estar siguiendo el mismo camino, no me veía capaz de volver a hacer todo aquello que me impulsó a superar los mismos problemas la primera vez.
¿Qué ha cambiado esta vez?
Solo puedo confiar en que volveré a superar este bache, como ya hice anteriormente.
¿Creer es poder, no?
No hay comentarios :
Publicar un comentario