Aquella fue una de las tardes más largas de estos últimos tres años.
Sí, había una razón por la que las cosas acabaron así, una razón que ahora ha perdido su sentido frente a las nuevas historias que se están escribiendo. No ha sido la primera vez que me he entretenido contando la historia de aquel chaval despierto, risueño y cariñoso que pasaba los días repartiendo sonrisas entre la gente con la que convivía. Cómo las tornas cambiaron al momento de dejar la calidez de su hogar y afrontar la realidad de aquel mundo desconocido y cruel, y tuvo que protegerse para no romperse en pedazos. La historia de su transformación en mera sombra de lo que fue.
Era bonito en cierto modo tener historias que contar a quienes desean escucharlas, pero esa en concreto me transformó de una manera que me cambió para siempre, hasta tal punto que dejé de soñar con aquello en lo que me quería convertir algún día y asumí que esa sombra iba a ser todo lo que el mundo iba a conocer de mí, aquello en lo que él mismo me había convertido. ¿No tiene sentido? Sí, lo sé. Finalmente, yo también me cansé de contar esa historia.
Realmente necesitaba aquel toque de atención.
Sentía cómo la poca energía que me quedaba abandonaba mi cuerpo al momento de colgar aquella llamada. Derrotado, me derrumbé sobre la mesa junto a la que estaba sentado, sin lograr pensar en nada más que un constante "por qué". Por qué había seguido actuando de una manera tan disonante respecto a cómo me sentía en realidad. Por qué, pese a ser consciente de ello, no me había esforzado más cuando podía hacer algo. Pero en aquel momento, ya todo dejó de tener sentido. Aquello no fue solo el final de una llamada.
Si algo puedo asegurar, es que quedarme rumiando aquellos pensamientos autodestructivos no fue una de las ideas más brillantes que he tenido, y francamente, tuve suerte. Aún tenía amigos que se preocupaban por mí y estaban dispuestos a hacer lo que fuera necesario para verme sonreír una vez más. Esas pocas personas que han visto más allá de la máscara, han buceado entre las sombras y han intentado adentrarse en esa parcela descuidada rodeada de un bosque de espinos. Ellos sí tuvieron fe en mí, pese a no poder ofrecerles nada a cambio de su paciencia y generosidad. A pesar de ello, siempre quedaban enredados en el camino, y no podía evitar hacerles daño. Nunca me había sentido tan necio en mi vida. No tenía razones para dejar que eso pasase, para hacer daño a la gente que más valoro sin tan siquiera ser consciente de ello. Estaba tan concentrado en proteger lo poco que me quedaba que no dejaba pasar esas nuevas semillas que darían nueva vida a aquel lugar olvidado.
Volví a coger el teléfono, pero aquella llamada iba a ser muy distinta. Se acabó aquella historia que se resignaba a terminar. Nada de continuar siguiendo guiones escritos hace años. Esta vez iba a escribir una nueva historia, con mis propias manos. Despacio, con cuidado, paso a paso y constante. Se acabó el miedo a los errores. Mientras siga escribiendo, podré aprender de ellos, mejorar y, finalmente, superarlos.
Colgué el teléfono y una leve sonrisa escapó entre mis labios. Esta será la última vez que permita que mi pasado me defina.
No hay comentarios :
Publicar un comentario