domingo, 6 de abril de 2014

Tortuga

Aquella fue una de las tardes más largas de estos últimos tres años.

Sí, había una razón por la que las cosas acabaron así, una razón que ahora ha perdido su sentido frente a las nuevas historias que se están escribiendo. No ha sido la primera vez que me he entretenido contando la historia de aquel chaval despierto, risueño y cariñoso que pasaba los días repartiendo sonrisas entre la gente con la que convivía. Cómo las tornas cambiaron al momento de dejar la calidez de su hogar y afrontar la realidad de aquel mundo desconocido y cruel, y tuvo que protegerse para no romperse en pedazos. La historia de su transformación en mera sombra de lo que fue.

Era bonito en cierto modo tener historias que contar a quienes desean escucharlas, pero esa en concreto me transformó de una manera que me cambió para siempre, hasta tal punto que dejé de soñar con aquello en lo que me quería convertir algún día y asumí que esa sombra iba a ser todo lo que el mundo iba a conocer de mí, aquello en lo que él mismo me había convertido. ¿No tiene sentido? Sí, lo sé. Finalmente, yo también me cansé de contar esa historia.

Realmente necesitaba aquel toque de atención.